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I NEVER WANTED TO MAKE BAREFOOT SHOES.

NUNCA QUISIMOS HACER ZAPATOS BAREFOOT.

Durante gran parte de mi vida entrené todos los días. Practiqué deporte de competición a un alto nivel, cuidaba lo que comía, cómo entrenaba y cómo recuperaba. Creía conocer bastante bien mi cuerpo.

Pero había algo que nunca terminaba de ir bien.

Me dolían los pies constantemente. Tenía fascitis plantar, dolores lumbares y no entendía por qué. Estaba haciendo todo lo que, en teoría, debía hacer y, aun así, seguía teniendo dolores.

Hasta que un día, haciendo scroll en redes sociales, descubrí el calzado barefoot. No tenía ni idea de qué era, pero estaba dispuesto a probar cualquier cosa, así que pedí un par de una marca cuyo nombre ni siquiera recuerdo.

Lo que sí recuerdo perfectamente es la primera vez que me los puse. Normalmente, después de 15 minutos con unos zapatos, los pies ya empezaban a dolerme. Ese día pasaron 15 minutos. Después 30.

Nada.

Por primera vez en años, no estaba pensando en mis pies.

La sensación fue increíble.

Solo había un problema: no me gustaban los zapatos.

Me encantaba cómo me hacían sentir, pero no quería cambiar mi forma de vestir solo para sentirme bien. Quería seguir llevando el tipo de calzado que siempre me había gustado, pero sin volver al dolor.

Así que empecé a buscar. Llegó un momento en el que me obsesioné con encontrar un zueco barefoot que realmente quisiera llevar. Busqué por todas partes y no encontré ninguno. Y cuanto más conocía el mundo barefoot, más me daba cuenta de que no eran solo los zapatos. Tampoco me identificaba demasiado con la forma en la que la mayoría de las marcas se presentaban, hablaban o se posicionaban.

Hasta que dejé de buscar y tuve una idea un poco más peligrosa:

A la mierda. Hagamos uno.

Lo curioso es que toda mi familia viene del mundo del calzado. Crecí rodeado de zapatos, pero nunca había hecho uno. Y ninguno de nosotros sabía realmente mucho sobre barefoot.

Empecé a contactar con fábricas y a explicarles lo que quería hacer. Después de decenas de conversaciones, la respuesta era casi siempre la misma: imposible. Demasiado ancho. Demasiado plano. Demasiado flexible. La construcción no funcionaría. La forma no funcionaría. Había que renunciar a algo.

Hasta que una fábrica aceptó intentarlo.

La primera muestra era terrible.

Hicimos otra. Y otra. Cambiamos la forma, las proporciones, la suela y detalles en los que probablemente la mayoría de la gente nunca se fijaría. Cuando por fin estuvimos satisfechos, habíamos hecho doce versiones del mismo zapato.

Podríamos haber parado antes. Probablemente algunas ya eran suficientemente buenas.

Pero suficientemente bueno nunca fue la razón por la que empezamos.

La versión número doce se convirtió en IKAROS.

Cuando lo lanzamos, no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Quizá la gente entendería lo que estábamos intentando hacer. Quizá a nadie le importaría.

Dos semanas después, la mitad de las tallas estaban agotadas.

Recuerdo mirar los pedidos y pensar: quizá no era el único que estaba buscando algo así.

Y fue entonces cuando BAREBOUND empezó a tener sentido de verdad para mí.

Me di cuenta de que nunca había querido simplemente hacer zapatos barefoot. Quería hacer grandes zapatos que, además, fueran barefoot.

Hay una diferencia.

No quiero que alguien mire IKAROS y piense: está muy bien para ser un zapato barefoot. Quiero que lo vea y piense simplemente: los quiero.

Después se los pone. Siente el espacio, la libertad, la diferencia. Y quizá tenga el mismo momento que tuve yo hace años, cuando pasaron 15 minutos y, por una vez, no estaba pensando en mis pies.

Esa idea sigue guiando todo lo que creamos hoy. Cada vez que desarrollamos algo nuevo, hay una pregunta a la que siempre vuelvo:

¿Querría este zapato si el barefoot no existiera?

Si la respuesta es no, no deberíamos hacerlo.

Mirando atrás, resulta extraño pensar que BAREBOUND empezó con algo tan sencillo como cuestionar un par de zapatos. Una pregunta llevó a decenas de fábricas diciéndome que no, a doce muestras, a IKAROS y, finalmente, a toda una marca.

Pero quizá por eso BAREBOUND acabó convirtiéndose para mí en algo mucho más grande que el calzado.

Pasamos gran parte de nuestra vida aceptando cosas simplemente porque siempre se han hecho así. El camino obvio. La opción segura. Lo que se supone que debemos hacer.

A veces, todo empieza con una pregunta:

¿Por qué?

Para mí, ser bold nunca ha significado hacer una locura. Significa cuestionar lo que no te parece correcto, confiar en tus propias ideas y ser lo bastante testarudo como para descubrir hasta dónde pueden llevarte.

Para mí, todo empezó con un par de zapatos.

No tengo ni idea de dónde acabará.

BE BOLD.